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Nueva prueba de intoxicación en los medios


Leo en El Mundo un artículo catastrofista sobre la muerte del dvd culpando como siempre a los internautas. Se trata de un texto que insulta la inteligencia de cualquiera que lo lea, poniendo en boca de un periodista los presagios de los lobbies de la industria cultural: las productoras van a dejar de producir cine para España.

El propio titular contradice el resto del texto: “El DVD se despeña”.  Y es que el problema de fondo no es que la cultura se acabe, como quieren hacernos creer, sino que este tipo de soporte digital no tiene futuro. ¿Quién quiere comprar y almacenar kilos y más kilos de plástico de forma circular, pudiendo acceder al contenido cultural de forma mucho más cómoda a través de Internet?

Alaga el periodista las fantásticas ediciones existentes en dvd. Pero ¿no es más cierto que en Internet se puede acceder a cualquier filme, mientras que a veces resulta prácticamente imposible encontrarlo en la estantería de una tienda? ¿Qué pasa con las películas descatalogadas? ¿Es que se molesta la industria en reeditarlas si no les es rentable? Esto es algo normal, por otra parte; la ventaja de internet es que el coste de mantener películas frente al de editarlas en dvd se aproxima a cero.

Ciertamente, el problema lo tiene la industria que gira alrededor de la cultura. Desde que apareció Napster, sólo han sabido lloriquear y quejarse, y presionar a los gobiernos para que persigan a todos y cada uno de los ciudadanos. Obviamente han llegado tarde. No han sabido ver el nicho de la distribución de contenidos a través de Internet, y ahora se encuentran con que el hueco que deberían haber llenado ellos hace años, lo han cubierto las descargas gratuitas.

¿Cuál es la solución? Es difícil, pues ellos mismos son los culpables de esta situación y no hay más ciego que el que no quiere ver. Pero está claro que el valor añadido, y no la criminalización de la población,  es lo que puede salvar esta industria que lleva haciéndose el harakiri desde hace años.

El tópico del “todo gratis” está muy oído. ¿Por qué la gente compra un iPod que vale una pasta, cuando hay cientos de marcas infinitamente más baratas que cumplen de igual manera las funciones de reproductor digital? De igual forma, la gente pagaría por el cine en Internet, si tuviese un valor añadido.

No hay más que ver el ejemplo de Spotify: han basado su modelo en la publicidad y suscripciones premium. ¿Y quien descarga hoy día música de Internet teniendo Spotify? Únicamente la gente que busca títulos que no aparecen en el famoso programa, o bien la gente que tiene un mp3 normalito sin conexión a internet, y quiere escuchar su música en el metro. Porque el que tiene un iphone, también puede aprovecharse de este servicio.

Conclusión

La industria del cine se tiene que reinventar y no sólo renovar. Durante años ha sido un negocio multimillonario, pero quizás ha llegado la hora de que los márgenes de beneficios sean menores. Y desde luego no pueden ponerle puertas al campo: las descargas gratuitas ya son imparables. Sólo les queda adaptarse o morir.

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